Tres fragmentos de algo mas grande que todavía no existe. Esta es la segunda parte
- Me dejaste salir sin ni siquiera matarla a ella primero – Decía entre lagrimas
- ¿Qué querías que hiciera? No tiene ningún sentido matarla si no vas a estar con ella en su muerte.
- Exacto, entonces nunca debí haber salido de ahí, no hasta que estuviéramos seguros de que estaba muerta.
- ¿No se te ha ocurrido que quizás no muera, que quizás si te alejas continuará viviendo y que es precisamente tu presencia la que le impide seguir como un ser humano decente, la que le impide ser lo que debería ser y que en su lugar se ha convertido en lo que tu querías?
- No digas tonterías, no soy su madre.
- Como lo sabes? Ni si quiera recuerdas con claridad quien eres.
- Tienes razón, no lo recuerdo con claridad, pero al menos no me queda ninguna duda de que alguna vez fui ella, quien siempre preguntaba lo mismo, quien cada noche se revolcaba junto a ala decepción. Pero en algo si te equivocas.
- ¿Exactamente en que?
- Dices que quizás no muera y no te has dado cuenta que hace rato ya lo hizo.
- ¿Como así?
- Sí, mírala. Un pequeño descuido y la pobre ya está asfixiada y con la garganta destrozada,
- ¿Cómo pudiste?
- Es lo que habíamos acordado ¿o ya lo olvidaste? Dijimos “Mikaela a cambio de Katalina”. Pero tienes razón al decir que me convertí en lo que quería, más nunca en lo que debía ser.
Tuesday, June 28, 2005
Wednesday, June 22, 2005
Todo lo que existe bajo el cielo (Parte uno)
Tres fragmentos de algo más grande que todavía no existe. Esta es la primera parte.
No solo gritaba en cuanto la dejaban sola cada noche en su habitación, también se aferraba a sus almohadas y las apretaba contra su rostro lo más fuerte posible para que nadie la pudiese escuchar, para que nadie supiera que también ella era débil.
Y bajo el mismo cielo se encontraba Mikaela, quien pasaba sus días buscando quien le pudiera responder una sola pregunta; y todos los días se acostaba con el corazón intacto.
En cuanto aflojaba sus manos y ya la garganta le ardía de tanto gritar, se daba cuenta que no había sido suficiente, que aún seguía con vida, y no es que Katalina tuviera tendencias suicidas, es solo que siempre imaginó que algún día se le iba a pasar la mano.
La pregunta de Mikaela no era algo sumamente difícil, es solo que nunca había encontrado alguien que le diera una respuesta con la cual se sintiera satisfecha, una co0n la que sabría que esa persona la haría sentir como si todo lo que existe bajo el cielo existiera solo para ella.
Una mañana, Mikaela amaneció muerte en su cama. Parecía haberse asfixiado y por alguna razón, que los adultos nunca entendieron, su garganta estaba severamente lastimada, como si hubiese gritado durante toda la noche.
El mismo día, Katalina, quien apenas la había conocido el día anterior, asistió a su funeral. Se acercó al ataúd de su recién encontrada amiga. Lo abrió, se inclinó sobre el cuerpo y le susurro al oído.
- No lo olvides.
No solo gritaba en cuanto la dejaban sola cada noche en su habitación, también se aferraba a sus almohadas y las apretaba contra su rostro lo más fuerte posible para que nadie la pudiese escuchar, para que nadie supiera que también ella era débil.
Y bajo el mismo cielo se encontraba Mikaela, quien pasaba sus días buscando quien le pudiera responder una sola pregunta; y todos los días se acostaba con el corazón intacto.
En cuanto aflojaba sus manos y ya la garganta le ardía de tanto gritar, se daba cuenta que no había sido suficiente, que aún seguía con vida, y no es que Katalina tuviera tendencias suicidas, es solo que siempre imaginó que algún día se le iba a pasar la mano.
La pregunta de Mikaela no era algo sumamente difícil, es solo que nunca había encontrado alguien que le diera una respuesta con la cual se sintiera satisfecha, una co0n la que sabría que esa persona la haría sentir como si todo lo que existe bajo el cielo existiera solo para ella.
Una mañana, Mikaela amaneció muerte en su cama. Parecía haberse asfixiado y por alguna razón, que los adultos nunca entendieron, su garganta estaba severamente lastimada, como si hubiese gritado durante toda la noche.
El mismo día, Katalina, quien apenas la había conocido el día anterior, asistió a su funeral. Se acercó al ataúd de su recién encontrada amiga. Lo abrió, se inclinó sobre el cuerpo y le susurro al oído.
- No lo olvides.
Monday, June 13, 2005
Geografía de la belleza humana
Por que incluso la más atróz de nuestras fealdades
hace parte de nuestra belleza. Por que aquello
que muchas veces resulta desagradable,
es tan solo la belleza huyendo de ser vista.
Cada uno de nuestros pensamientos, nuestras ideas y deseos, hacen parte esencial de quienes somos; son la esencia de todo aquello que nos permite sentir que somos nosotros mismos, un ser único e irrepetible, un ser sin doble, mas nunca un ser completo.
Vagamos por calles, entre sabanas frías, algunas calientes. Pasamos entre colchas de distintos aromas y de una mente a otra llevándonos siempre un pedazo de cada una. Y pasamos de pecho en pecho, siempre dejándolos incompletos, siempre en búsqueda de aquello que nos falta; siempre moldeándonos un poco a imagen de quienes creemos están a nuestra altura colmando nuestro interés, nuestro deseo e incluso llevando al mayor extremo imaginable nuestro libido, borrando por completo nuestro pudor.
Y con la llegada del momento adecuado, abrimos los brazos y con ellos nuestra mente, nuestra alma. Sentimos la armonía latiendo en nuestro pecho y nos mostramos por completo ante dichos seres humanos, únicos e irrepetibles, como nosotros mismos. Los convertimos en privilegiados esperando pacientes, por descubrir quien somos.
Y así, todo lo prohibido, cada una de nuestras ideas y nuestros anhelos, cada uno de nuestros pensamientos, incluso los mas oscuros y obscenos, se revelan. Ya no jugamos a las escondidas, ya no huimos; y con el tiempo nos enamoramos de lo que hemos aprendido.
Descubrimos que lo que realmente amamos de otros no es su belleza, sino la propia. Nos infatuamos con la manera en que nos hacen sentir sobre nosotros mismos, de lo nuestro que está en ellos. Ya lo feo no lo es tanto, se asemeja más a una extraña belleza que no se presta para ser comprendida.
Y en cada oportunidad aprendemos un poco mas de nosotros. Recogemos trozos ajenos encontrados en el camino y aprendemos más de cada quien a nuestro alrededor. Reunimos cada hallazgo y formamos una especie de croquis, al principio un tanto confuso. Lo moldeamos, lo doblamos, borramos algunas partes y las rellenamos con otras.
Poco a poco viajamos entre ese espacio sin forma, lo recorremos con atención, descubriéndolo, reinventándolo ante la más mínima oportunidad de hacerlo.
Y vamos descubriendo nuestras propias bellezas, unas más que otras, pero todas bellas y con ellas las bellezas de otros encontradas también en las propias, sin saber nunca si encontraremos el punto final de todo aquello que conforma nuestra geografía de la belleza humana.
hace parte de nuestra belleza. Por que aquello
que muchas veces resulta desagradable,
es tan solo la belleza huyendo de ser vista.
Cada uno de nuestros pensamientos, nuestras ideas y deseos, hacen parte esencial de quienes somos; son la esencia de todo aquello que nos permite sentir que somos nosotros mismos, un ser único e irrepetible, un ser sin doble, mas nunca un ser completo.
Vagamos por calles, entre sabanas frías, algunas calientes. Pasamos entre colchas de distintos aromas y de una mente a otra llevándonos siempre un pedazo de cada una. Y pasamos de pecho en pecho, siempre dejándolos incompletos, siempre en búsqueda de aquello que nos falta; siempre moldeándonos un poco a imagen de quienes creemos están a nuestra altura colmando nuestro interés, nuestro deseo e incluso llevando al mayor extremo imaginable nuestro libido, borrando por completo nuestro pudor.
Y con la llegada del momento adecuado, abrimos los brazos y con ellos nuestra mente, nuestra alma. Sentimos la armonía latiendo en nuestro pecho y nos mostramos por completo ante dichos seres humanos, únicos e irrepetibles, como nosotros mismos. Los convertimos en privilegiados esperando pacientes, por descubrir quien somos.
Y así, todo lo prohibido, cada una de nuestras ideas y nuestros anhelos, cada uno de nuestros pensamientos, incluso los mas oscuros y obscenos, se revelan. Ya no jugamos a las escondidas, ya no huimos; y con el tiempo nos enamoramos de lo que hemos aprendido.
Descubrimos que lo que realmente amamos de otros no es su belleza, sino la propia. Nos infatuamos con la manera en que nos hacen sentir sobre nosotros mismos, de lo nuestro que está en ellos. Ya lo feo no lo es tanto, se asemeja más a una extraña belleza que no se presta para ser comprendida.
Y en cada oportunidad aprendemos un poco mas de nosotros. Recogemos trozos ajenos encontrados en el camino y aprendemos más de cada quien a nuestro alrededor. Reunimos cada hallazgo y formamos una especie de croquis, al principio un tanto confuso. Lo moldeamos, lo doblamos, borramos algunas partes y las rellenamos con otras.
Poco a poco viajamos entre ese espacio sin forma, lo recorremos con atención, descubriéndolo, reinventándolo ante la más mínima oportunidad de hacerlo.
Y vamos descubriendo nuestras propias bellezas, unas más que otras, pero todas bellas y con ellas las bellezas de otros encontradas también en las propias, sin saber nunca si encontraremos el punto final de todo aquello que conforma nuestra geografía de la belleza humana.
Friday, June 03, 2005
De la amnesia al olvido
Y sigue intentando escribir sobre la lejanía de aquellos que se tienen sumamente cerca, de como uno de ellos terminó en la luna el día en que las estrellas dejaron de flotar sobre los mares; sobre el día en que inventaron las palomas, y de como algunas cogieron vuelo en cuanto sintieron un poco de frío.
Friday, May 27, 2005
Refranfraneando (o matando tiempo antes de que el tiempo me mate a mi)
El refrán nos dice que "Ha caballo regalado no se le mira el colmillo" ¿Debo Inferir entonces que todo caballo que se regala tiene un colmillo? en tal caso, si quisiera regalar un caballo ¿Debe tener uno? o ¿simplemente significa que el colmillo no se le ve?
Por otro lado ¿Adonde se lleva la corriente al camarón? Si nos ponemos a ver, todo río desemboca en el mar, y si el camarón fue llevado por la corriente, seguramente terminó en el mar, que es su casa, entonces es bueno para el camarón haberse dormido; quizás estaba perdido, quizás escuchó el refrán, que es en verdad un código camaronesco en caso de emergencias, y de una se fue a dormir junto a un río. Yo personalmente siempre me lo he imaginado durmiendo a orillas de un río cualquiera, bajo la sombra de un árbol.
Desde pequeño, o en mi caso debo decir desde muy niño, mi abuela, mi mamá y demás "cuchos" me han dicho que "Quien madruga, Dios le ayuda" pero, tiempo después me dijeron que "No por madrugar amanece mas temprano" lo cual es cierto (o al menos yo nunca he visto que el sol aparezca cada vez que el maldito insomnio me desvela), entonces, si Dios me ayuda si madrugo ¿En que me va ayudar? es decir, el resto del mundo seguiría durmiendo, de ahí que no podría hacer nada... Odio recordar que dependemos tanto de los demás.
Bueno, estaba desocupado y quería postear algo diferente, no uno más de esos cuentos romanticones, existenciales y depresivos de siempre, sino algo con un poco de humor. Creo que no lo logré... igual aquí está, y es bien sabido que "A lo hecho... PECHO"
Por otro lado ¿Adonde se lleva la corriente al camarón? Si nos ponemos a ver, todo río desemboca en el mar, y si el camarón fue llevado por la corriente, seguramente terminó en el mar, que es su casa, entonces es bueno para el camarón haberse dormido; quizás estaba perdido, quizás escuchó el refrán, que es en verdad un código camaronesco en caso de emergencias, y de una se fue a dormir junto a un río. Yo personalmente siempre me lo he imaginado durmiendo a orillas de un río cualquiera, bajo la sombra de un árbol.
Desde pequeño, o en mi caso debo decir desde muy niño, mi abuela, mi mamá y demás "cuchos" me han dicho que "Quien madruga, Dios le ayuda" pero, tiempo después me dijeron que "No por madrugar amanece mas temprano" lo cual es cierto (o al menos yo nunca he visto que el sol aparezca cada vez que el maldito insomnio me desvela), entonces, si Dios me ayuda si madrugo ¿En que me va ayudar? es decir, el resto del mundo seguiría durmiendo, de ahí que no podría hacer nada... Odio recordar que dependemos tanto de los demás.
Bueno, estaba desocupado y quería postear algo diferente, no uno más de esos cuentos romanticones, existenciales y depresivos de siempre, sino algo con un poco de humor. Creo que no lo logré... igual aquí está, y es bien sabido que "A lo hecho... PECHO"
Monday, May 23, 2005
La sombra del caminante
Con el reciente apoyo que ha tenido la producción audiovisual colombiana por parte del gobierno, se han generado grandes expectativas alrededor de la misma. Se espera que este año se realicen y salgan a las salas de cine un total de veinticinco películas nacionales, siendo “Perder es cuestión de método” de Sergio Cabrera y “La sombra del caminante” de Ciro Guerra, las dos primeras producciones en ser vistas. Las expectativas han sido muchas y muchos han quedado satisfechos con lo que se denomina actualmente “La nueva mirada del cine colombiano”.
En una entrevista de “El ojo que piensa”, el director Ciro Guerra afirma que La sombra del caminante “se trata de dar una mirada diferente sobre el conflicto colombiano”. Yo me pregunto ¿En qué consistirá el concepto que el tiene de diferente?
La sombra del caminante nos presenta a dos personajes; Mañe, un desempleado con una pata de palo que intenta ganarse la vida vendiendo muñecos realizados en origami y El hombre de la silla, un ser misterioso que se gana la vida como silletero, cargando gente en una silla de madera, con unas extrañas gafas artesanales y una sombrilla que lo protege del sol.
En un principio, vemos lo que parece ser una película que habla sobre el trabajo informal y una relación de amistad que se forma entre un ser discapacitado, con problemas para trasladarse, y un ser muy solitario, que puede necesitar la compañía y al mismo tiempo ayudarlo. Pero en cuanto se desenvuelve la historia, esta realiza un punto de giro que cambia por completo la trama de la película. Ya no es sobre el trabajo informal, mucho menos de una relación de amistad. La película resulta siendo una más de las muchas películas que abordan lo que tanto denominan “Realidad colombiana”.
Con giros forzados y actuaciones sumamente regulares, La sombra del caminante no es una película “diferente”. Quizás la única diferencia es que muestra algo mayor o para algunos, general, a partir de dos individuos, en lugar de ir de lo general a lo particular, lo cual considero acertado (aunque esto ya se ha visto en otras producciones como “Confesión a Laura”). Por lo demás, esta producción no va más allá de mostrar lo terrible, de juzgar la situación a partir de una mirada sesgada, contada a través de la voz de quien claramente no la ha experimentado.
Los pocos diálogos que tiene la película no llevan a ningún lado, a excepción del monologo final de El hombre de la silla, a parte de eso, nada de lo que se dice y se muestra nos habla de los matices de estos individuos. Nada justifica la relación que entre ellos nace, es tan solo algo que parece presentarse para contar algo que en el fondo no depende de dicha relación y los realizadores parecen estar al tanto de ello, razón por la cual, al parecer, decidieron realizar unas conexiones sumamente absurdas entre el pasado de uno y el otro, conexiones que de ningún modo resultan bien logradas, que resultan demasiado forzadas, poco fluidas y ante todo nada creíbles.
Ciro guerra afirma que su película es “una mirada diferente” cuando lo que hace es repetir la formula de los noticieros del mediodía haciendo que el espectador se revuelque en la miseria ajena, más nunca permitiéndole identificarse con sus personajes. No sentimos ningún tipo de familiaridad con Mañe, ni con el hombre de la silla, no parece algo que nos toque, sigue siendo demasiado impersonal y estos dos personajes, parecen ser tan solo una excusa para poder decir nuevamente “Mire la situación en la que estamos” y lo que es peor, venderla como “La realidad colombiana” y aún así, se tiene el atrevimiento de preguntar “¿Por qué tienen una opinión tan mala de nosotros en el extranjero?” olvidándonos que aquello es el resultado de nuestras propias acciones.
No por esto se debe entender que estoy proponiendo contar historias felices con finales rosa y moralejas educativas mientras en el fondo se escucha la melodía de los teletubbies, al contrario, creo firmemente en la importancia que tiene el enfrentar la situación, que el cine de un país, (y el arte en general) tiene la obligación de hacerlo. Lo que no tolero es que lo muestren de una manera tan superficial, que solo muestren el dolor y la miseria por el dolor mismo, por la miseria misma.
Situaciones tan severas como el actual conflicto de nuestro país tienen una raíz, un fondo, tienen una razón de ser que va más allá de los actos homicidas. Aunque cueste creerlo, existe un lado sumamente humano detrás de todo el asunto. Y con humano no me refiero a bueno, eso es tan solo una pequeña porción de ello. Con humano me refiero a arrepentimiento, a sentimiento. Con humano estoy hablando de ideales y de la lucha por cumplirlos a costa de lo que sea y de quien sea. Con ello me refiero a aspectos de cualquier individuo que, pese a ser único a irrepetible, se asemejan mucho a los nuestros. Por mucho que nos asuste, por mucho que queramos negarlo, es necesario recordar que todos tienen sus motivos, que el homicida siente de manera muy similar a como lo hace su victima,
Cuando el cine colombiano logre perfilar a sus personajes con profundidad, cuando sus diálogos nos permitan aclarar una u otra situación, cuando nos inviten a pensar y a reflexionar sobre lo que sucede por que sentimos que lo visto nos estaba sucediendo a nosotros y que al mismo tiempo el gringo, el europeo, el asiático puedan sentirlo también, entonces podremos hablar de una “realidad colombiana”, una que compartamos la mayoría pese a las diferencias de nuestra situación. Podremos mostrarnos con orgullo ante el mundo por que solo entonces el mundo notará que también sufrimos lo que ellos sufren, que sentimos de una manera diferente, pero tan valida coma la suya, que todos somos únicos e irrepetibles, pero también somos humanos.
Y mientras llegue ese momento, si es que va a llegar, solo nos resta esperar. Quien quiera intentar hacer algo diferente bien pueda intentarlo; quien no se interese, bien pueda estarse tranquilo, que mucho hace el que poco estorba y quienes no saben, entonces decídanse rápido, que la duda a todos agobia y nos hace sentir, como dice Ciro Guerra, “esta desazón de no saber para donde vamos”, la misma desazón que tenemos con respecto a nuestro cine, a nuestra cultura, a nuestra extraviada identidad que en situaciones extremas, y parafraseando a El hombre de la silla, nos hace pensar que “Nosotros ya no tenemos perdón”.
En una entrevista de “El ojo que piensa”, el director Ciro Guerra afirma que La sombra del caminante “se trata de dar una mirada diferente sobre el conflicto colombiano”. Yo me pregunto ¿En qué consistirá el concepto que el tiene de diferente?
La sombra del caminante nos presenta a dos personajes; Mañe, un desempleado con una pata de palo que intenta ganarse la vida vendiendo muñecos realizados en origami y El hombre de la silla, un ser misterioso que se gana la vida como silletero, cargando gente en una silla de madera, con unas extrañas gafas artesanales y una sombrilla que lo protege del sol.
En un principio, vemos lo que parece ser una película que habla sobre el trabajo informal y una relación de amistad que se forma entre un ser discapacitado, con problemas para trasladarse, y un ser muy solitario, que puede necesitar la compañía y al mismo tiempo ayudarlo. Pero en cuanto se desenvuelve la historia, esta realiza un punto de giro que cambia por completo la trama de la película. Ya no es sobre el trabajo informal, mucho menos de una relación de amistad. La película resulta siendo una más de las muchas películas que abordan lo que tanto denominan “Realidad colombiana”.
Con giros forzados y actuaciones sumamente regulares, La sombra del caminante no es una película “diferente”. Quizás la única diferencia es que muestra algo mayor o para algunos, general, a partir de dos individuos, en lugar de ir de lo general a lo particular, lo cual considero acertado (aunque esto ya se ha visto en otras producciones como “Confesión a Laura”). Por lo demás, esta producción no va más allá de mostrar lo terrible, de juzgar la situación a partir de una mirada sesgada, contada a través de la voz de quien claramente no la ha experimentado.
Los pocos diálogos que tiene la película no llevan a ningún lado, a excepción del monologo final de El hombre de la silla, a parte de eso, nada de lo que se dice y se muestra nos habla de los matices de estos individuos. Nada justifica la relación que entre ellos nace, es tan solo algo que parece presentarse para contar algo que en el fondo no depende de dicha relación y los realizadores parecen estar al tanto de ello, razón por la cual, al parecer, decidieron realizar unas conexiones sumamente absurdas entre el pasado de uno y el otro, conexiones que de ningún modo resultan bien logradas, que resultan demasiado forzadas, poco fluidas y ante todo nada creíbles.
Ciro guerra afirma que su película es “una mirada diferente” cuando lo que hace es repetir la formula de los noticieros del mediodía haciendo que el espectador se revuelque en la miseria ajena, más nunca permitiéndole identificarse con sus personajes. No sentimos ningún tipo de familiaridad con Mañe, ni con el hombre de la silla, no parece algo que nos toque, sigue siendo demasiado impersonal y estos dos personajes, parecen ser tan solo una excusa para poder decir nuevamente “Mire la situación en la que estamos” y lo que es peor, venderla como “La realidad colombiana” y aún así, se tiene el atrevimiento de preguntar “¿Por qué tienen una opinión tan mala de nosotros en el extranjero?” olvidándonos que aquello es el resultado de nuestras propias acciones.
No por esto se debe entender que estoy proponiendo contar historias felices con finales rosa y moralejas educativas mientras en el fondo se escucha la melodía de los teletubbies, al contrario, creo firmemente en la importancia que tiene el enfrentar la situación, que el cine de un país, (y el arte en general) tiene la obligación de hacerlo. Lo que no tolero es que lo muestren de una manera tan superficial, que solo muestren el dolor y la miseria por el dolor mismo, por la miseria misma.
Situaciones tan severas como el actual conflicto de nuestro país tienen una raíz, un fondo, tienen una razón de ser que va más allá de los actos homicidas. Aunque cueste creerlo, existe un lado sumamente humano detrás de todo el asunto. Y con humano no me refiero a bueno, eso es tan solo una pequeña porción de ello. Con humano me refiero a arrepentimiento, a sentimiento. Con humano estoy hablando de ideales y de la lucha por cumplirlos a costa de lo que sea y de quien sea. Con ello me refiero a aspectos de cualquier individuo que, pese a ser único a irrepetible, se asemejan mucho a los nuestros. Por mucho que nos asuste, por mucho que queramos negarlo, es necesario recordar que todos tienen sus motivos, que el homicida siente de manera muy similar a como lo hace su victima,
Cuando el cine colombiano logre perfilar a sus personajes con profundidad, cuando sus diálogos nos permitan aclarar una u otra situación, cuando nos inviten a pensar y a reflexionar sobre lo que sucede por que sentimos que lo visto nos estaba sucediendo a nosotros y que al mismo tiempo el gringo, el europeo, el asiático puedan sentirlo también, entonces podremos hablar de una “realidad colombiana”, una que compartamos la mayoría pese a las diferencias de nuestra situación. Podremos mostrarnos con orgullo ante el mundo por que solo entonces el mundo notará que también sufrimos lo que ellos sufren, que sentimos de una manera diferente, pero tan valida coma la suya, que todos somos únicos e irrepetibles, pero también somos humanos.
Y mientras llegue ese momento, si es que va a llegar, solo nos resta esperar. Quien quiera intentar hacer algo diferente bien pueda intentarlo; quien no se interese, bien pueda estarse tranquilo, que mucho hace el que poco estorba y quienes no saben, entonces decídanse rápido, que la duda a todos agobia y nos hace sentir, como dice Ciro Guerra, “esta desazón de no saber para donde vamos”, la misma desazón que tenemos con respecto a nuestro cine, a nuestra cultura, a nuestra extraviada identidad que en situaciones extremas, y parafraseando a El hombre de la silla, nos hace pensar que “Nosotros ya no tenemos perdón”.
Subscribe to:
Posts (Atom)
